No hace falta ser gay para saber que San Francisco es el paraíso gay. No solo por excelencia, también por historia y tradición. Quizá San Francisco no sea hoy en día el destino de turismo homosexual preferido, ni el más promocionado, ni el más elegido a la hora de emprender un viaje, pero esta ciudad es un ícono multicolor que muchos integrantes de la comunidad LGBTTI ansían conocer alguna vez en su vida.
Para los muchachos gays o las chicas lesbianas que viven dentro de un termo, basta decir que San Francisco es quizás la ciudad más cosmopolita de la costa oeste de los Estados Unidos, incluso más que Los Ángeles, su prima hermana glamorosa. Sí, tal vez menos famosa que esta celebridad del estado de California, pero San Francisco es una ciudad con clase, estilo y miles de habitantes gays.
El nombre hispano de esta ciudad que se ubica en la península homónima, bañada por las costas del Océano Pacífico, tiene su origen en una antigua misión española que en el siglo XVIII fue designada así en honor al santo católico San Francisco de Asís. La llamada “fiebre del oro”, a mediados del siglo XIX, atrajo a nuevos habitantes, y la zona cercana a la bahía de San Francisco comenzó a poblarse rápidamente.
Ciudad de inmigrantes, la mayor parte de la población actual proviene de otros lugares del mundo; es que es simple enamorarse de la belleza paisajística de San Francisco. Colinas, hermosas vistas de la costa, casas victorianas distribuidas por las calles que suben y bajan, y la historia que acompaña a la población son imanes, no solo para el turismo nacional e internacional, sino también para atraer a viajeros que se convertirán en futuros habitantes.
Los inmigrantes llegaron para quedarse, y se fueron agrupando en diferentes barrios. Enormes comunidades mantienen su lenguaje, sus tradiciones, sus fiestas, y las calles que pueblan se han vuelto un atractivo en sí mismo. La “pequeña Italia”, el barrio latino de The Mission y Japantown son algunas de las comunidades extranjeras más numerosas que se asientan en la ciudad y condado de San Francisco, aunque la más famosa de todas se ha consolidado a lo largo de los años: Chinatown. Negocios por doquier, típicos restaurantes, y toda la cultura de esta extensa colectividad que se ha apropiado de las calles, casi convirtiéndolas en una sucursal de Pekín.
El encanto multicultural es solo un aspecto más de esta ciudad multifacética, una de las más pobladas de los Estados Unidos. Si sumamos el aire cosmopolita al arte y a la cultura que se desprende de sus galerías, museos y antiguos edificios, San Francisco se convierte en un destino ideal para vacacionar, porque es un centro urbano que jamás aburrirá al visitante. Recorrerla completa llevará días, y el turista no puede dejar la costa oeste si haber cruzado el famoso Puente Golden Gate, que une el centro con el condado de Marin. Ya sea a pie o en auto, el gigante naranja, es el símbolo inequívoco de la ciudad, así como también lo es el Parque Golden Gate; con sus más de 4 km², posee tantos puntos de interés que es imposible de conocer completo.
Pero el turista gay no llegará hasta aquí sólo atraído por el benigno clima, por el tour a la antigua cárcel de la Isla de Alcatraz, y tampoco para visitar alguna exposición de arte en alguno de los tantos museos de la ciudad. San Francisco es para el viajero gay el ícono principal de la lucha por los derechos homosexuales. Ni Nueva York ni Ámsterdam, ¡San Francisco!
Es curioso saber cómo fue la génesis de esta “ciudad gay”, porque aún después de averiguarla, sigue pareciendo extraña. Es que los militares tuvieron mucho que ver con la formación del barrio gay. Luego de la Segunda Guerra Mundial, muchos hombres expulsados del ejército por conducta homosexual fueron enviados a las bases de San Francisco para ser procesados. Sí, algunos de ellos no tardaron en enamorarse. Es posible que muchos se enamoraran de otros hombres; quizás, algunos sólo de las colinas, del tranvía que trepa por las calles y del paisaje que se vislumbra entre la niebla matinal. Seguramente, ninguno de ellos dudó un segundo en instalarse aquí.
Sumado a este pequeño detalle, San Francisco comenzó a convertirse en la década de los cincuenta en el centro más liberal del país de la Estatua de la Libertad. Escritores y artistas pensaron en sus cafés, hicieron arte en sus calles, y se convirtieron en fervientes activistas.
1967 fue el Verano del Amor. Hippismo, marchas antibélicas y amor libre. San Francisco era la tierra de las libertades, y las contraculturas encontraron en esta maravillosa ciudad su lugar en el mundo. Los activistas homosexuales no podían ser menos, y el más famoso de ellos se ha convertido en un símbolo indiscutible de los derechos gays. Una leyenda, un mártir: Harvey Milk.
Milk llegó desde la costa este buscando otra vida, buscando su lugar en el mundo, un lugar donde poder ser él mismo. Se asentó en el distrito de El Castro, la villa gay por excelencia, y allí abrió su casa de fotografía. Se convirtió en el primer concejal de la ciudad, y del país, en ser homosexual declarado, y desde su posición de poder nunca dejó de encabezar marchas y de luchar por la igualdad. Tuvo fe y brindó esperanza a jóvenes de todo el mundo. La lucha se llevó su vida, y su asesinato desembocó en una multitudinaria marcha que aún sigue emocionando.
Su local de venta de cámaras se mantiene como en los setenta y se ha convertido en un lugar histórico por el que ningún turista homosexual deja de pasar. El monumento en su honor es otro de los espacios más visitados.
En el barrio El Castro las banderas del arco iris se multiplican. A partir del epicentro gay, en la intersección de la Calle Castro con la Calle 18, los negocios se apresuran por atraer a los visitantes. Todo tipo de locales dedicados al colectivo homosexual pueden ser encontrados en la villa gay. Y aunque la amplia población gay y lésbica que habita San Francisco se distribuye por toda la ciudad, es este el lugar elegido por muchos para establecerse.
Hablar de hoteles exclusivos para gays, de discos, bares y restaurantes sería imposible. ¡Existen demasiados! De todo tipo y para todos los gustos, se debe insistir, ¡San Francisco es el paraíso gay y no hay lugar que logre hacerle sombra!
Muchos ciudadanos gays de los Estados Unidos y turistas gays y lesbianas de todas partes del mundo llegan a finales de junio para sumarse a la Marcha del Orgullo que copa las calles del antiguo Eureka Valley, y que ahora no sería conocido de otra manera más que como The Castro.
Pero los habitantes del colectivo LGBT nunca se cansan de festejar y siempre hay oportunidad de salir a la calle, luchar por los derechos, hacer ondear la banderita multicolor y, además, divertirse con libertad. Eventos, fiestas y celebraciones son muy comunes, como por ejemplo el Festival de Cine Gay y Lésbico, que tiene lugar en el famoso Teatro Castro. ¿Las fiestas más famosas? La Marcha Dyke, donde las lesbianas se apoderan de las calles, y Halloween, porque toda ocasión es buen para disfrazarse.
Pero en realidad, para los turistas gays, San Francisco es un universo multicolor durante todo el año, porque la tolerancia se respira en sus calles y la libertad descontractura a los que llegan hasta aquí en busca de ese lugar, de ese espacio, de ese ámbito que quizás no encuentran en sus pueblos o ciudades. Por eso San Francisco es un destino de turismo gay que no se puede describir fácilmente, porque hay que palparlo, olerlo y disfrutarlo para comprender los porqués.







