La ciudad de Nueva York tiene tantas caras como habitantes ocupan su territorio. Posee también tantos rostros como turistas arriban a sus aeropuertos internacionales. Y ni hablar de los disfraces que utiliza por cada comunidad étnica que se agrupa en sus calles. Se viste de colores según las preferencias del visitante y vuelve a acomodarse para los lugareños. Multifacética y variada, así es New York City.
Pero más cosmopolita y abierta aún es la isla de Manhattan, el corazón de esta ciudad que se compone de varios buroughs o barrios, pero que cuando tiene que salir a escena manda a su “yo” icónico, a su “yo” extravertido, al “yo” que se cubre de plumas y al que no le da vergüenza mostrarse tal cual es. Así, real y auténtica, la Gran Manzana nos vende un sueño de colores, una ilusión que nunca termina de desvanecerse, y esto es precisamente lo que encanta a los recién llegados, lo que enamora a los que arriban y deciden probar suerte en la “tierra de las oportunidades”.
Entre tantas otras cosas, Nueva York es una de las ciudades gays por excelencia. Ya sea como destino vacacional o como lugar para vivir, la gente homosexual de todas partes del mundo encuentra en esta diminuta tierra todo lo que necesita.
Casi podría decirse que es irónico que Nueva York aún no permita el casamiento entre personas del mismo sexo, derecho recientemente negado en el Senado de la ciudad, y que la igualdad entre todos los ciudadanos no sea reconocida en esta parte del mundo en donde, después de todo, comenzó la movilización del colectivo LGTTBI que luego tendría sus réplicas en varias partes del globo.
Es que la ciudad de Nueva York es pionera en lo que a derechos gays y lésbicos se refiere. En las calles de la isla de Manhattan tuvo lugar el origen del movimiento homosexual que llega hasta nuestros días, más vigente que nunca. En 1969, un 28 de junio, los gays, lesbianas, travestis y transexuales de esta ciudad dijeron “¡basta!”. Cansados de ser perseguidos y maltratados por la policía, levantaron su voz para hacerse oír, y se enfrentaron a la autoridad local cuando tuvo lugar una redada en el reconocido bar del ambiente llamado “Stonewall Inn”. Hoy en día famoso, aquel local en donde hombres y mujeres que amaban distinto encontraban un lugar para ser ellos mismos, se convirtió en un ícono de la lucha por los derechos igualitarios.
Los acontecimientos de Stonewall dieron lugar a la formación de grupos que pelearían por la libertad de elegir a quien se ama, y en 1970, un año después de aquel día, estos grupos se organizaron para recordar y festejar el orgullo que los unía como individuos de una comunidad. Desde aquel momento, Nueva York se viste de fiesta cada verano, durante el último fin de semana de junio, cuando se celebra el desfile del orgullo gay.
Las marchas y desfiles de este tipo se celebran en muchas ciudades alrededor del mundo en la misma fecha, para recordar el origen de la lucha, y si bien se parecen y se diferencian, la celebración que toma por asalto las calles de Manhattan tiene otro gusto; el Gay Parade neoyorkino es único.
Miles de turistas llegan para esta fecha y copan la ciudad, se entremezclan con los neoyorkinos y salen a marchar, a cantar y a bailar disfrazados, enarbolando banderas e insignias y luchando siempre por los derechos de todos y todas.
Partiendo desde el Midtown y recorriendo varios kilómetros, la multitud bajo la bandera con los colores del arco iris, símbolo gay indiscutido, avanza por la famosa Quinta Avenida hasta llegar al Greenwich Village, la zona rosa.
Sí, claro, no podía faltar una zona especial en esta poblada ciudad, aunque Nueva York puede ser percibida como abierta y amigable para con la comunidad homosexual, las mujeres y hombres gays suelen aglomerarse en la zona sur de la isla, siendo “el Village”, como se lo llama, el barrio preferido.
El West Village es en general la parte más tradicional, mientras que el East Village es más frecuentado por los chicos y chicas más jóvenes, ya que cuenta con locales especializados un poco más alternativos y modernos. El barrio de Chelsea, otro de los puntos bohemios y artísticos de la Gran Manzana, no se queda atrás. En esta zona, los habitantes se muestran mucho más afectos a las demostraciones de cariño en la vía pública y a manifestarse tal cual son.
Así que para los visitantes extranjeros que tengan ganas de hacer una visita a esta fotografiada ciudad, ya saben, además de subir al gigante Empire State, navegar hasta la famosa Estatua de la Libertad, y asombrarse ante las luces de Times Square, también pueden tomarse un tiempo para recorrer el ambiente gay-lésbico de NYC.
Sí, Manhattan es mucho más que alimentar patos en Central Park, regatear en Chinatown, observar escaparates de las tiendas más exclusivas del mundo, y conocer interesantes museos y galerías, claro, Nueva York es Broadway y ningún otro circuito teatral del planeta puede hacerle sombra.
Estereotipo o no estereotipo, se sabe: muchos hombres gays aman los musicales, y caminar por Broadway, la calle más larga de Manhattan, que en su intersección con la Séptima Avenida se cubre de lentejuelas, es una experiencia indiscutida. Ingresar a uno de estos famosos teatros y ser testigo de alguna de las obras que permanecen años en cartelera es una actividad que seguramente no tiene precio para los fanáticos.
Y en “la ciudad que nunca duerme” por supuesto no podía faltar la movida nocturna. En cada rincón de este territorio estadounidense hay marcha para cada gusto, pero la noche gay se desparrama muy cerca del Washington Square Park, epicentro del Greenwich Village, donde los visitantes podrán optar por bares, restaurantes, pubs, lounges y discos, con todo tipo de música y espectáculos.
The View, Splash Bar NY, Spirit y Phoenix son algunos de los más frecuentados por la comunidad gay. Para ellas, exclusivos locales de lesbianas como Henrietta Hudson, y los populares The Cubby Hole y CattySkack, completan la lista de este destino de turismo gay.
Pero seguirle el ritmo a Manhattan es un poco complicado, porque todos los días se cierran y se abren nuevos bares y restaurantes, por lo que para estar al tanto se recomienda leer algunas publicaciones de tirada gratuita, donde se informa sobre los lugares más convocantes del ambiente o las actividades en los distintos centros del colectivo gay. También cada semana en los puestos de diarios y revistas aparece el famoso Time Out New York, la guía para hombres y mujeres que no se quieren perder de nada.
Y así como es común conocer un nuevo lugar y llevar suvenires para familiares y amigos a nuestro regreso, si no nos gusta ningunos de los clásicos recuerdos que venden en cada negocio de Times Square, siempre se puede parar por alguna de las tiendas que se dedican al mundo gay-lésbico en Nueva York, o quizás al pasear por alguna de las librerías especializadas, encontremos algún libro para nuestro amigo gay o nuestra prima lesbiana.
Mientras que Creative Vision Bookstore es una de las librerías de teoría homosexual más conocidas de la ciudad, las mujeres encuentran su espacio en Bluestockings, otra librería que conjuga en su interior café y cultura, además de un lugar ideal para conocer otras féminas.
Así es Nueva York, la tierra diversa…







